La Razón a voluntad

Quien tuvo la oportunidad de circular por Buenos Aires, y tiene oídos, ojos, cabeza lo suficientemente despabilados, habrá percibido –espero– esa notable tensión que de vez en cuando nos regala la ciudad y aquellas curiosidades del idioma, rozando la comicidad.
Pero la mueca risueña se enchastra de preocupación cuando escuchamos lo que escuchamos, entre las cientos de caripelas que desfilan por todo el abecedario del subte porteño.“La razón a voluntad” podría argüir Kant en un invento inverosímil para racionar la existencia según las ganas del momento.
Pero no, la frase no lleva Leer más…
¡ATENCIÓN!!
