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Circos: las pymes itinerantes

“Algunas veces gano y, otras veces, pongo un circo y me crecen los enanos”, relataba, conCirco algún un exceso de derrota, una vieja canción de Joaquín Sabina. No son tales, ni pocas, las vicisitudes con las que deben lidiar los emprendedores circenses argentinos, que en su planificación itinerante, entre pueblos y ciudades de todo el país, se han estructurado como inusuales pymes que han perdurado en familias por varias generaciones.

 

 

 

(*) Fernando Amdan

Mientras empezaron a multiplicarse espectáculos circenses dedicados a eventos corporativos, peñas, exhibiciones callejeras o escuelas, los circos más clásicos conviven con los gastos de una pyme tradicional, a los que se suman el mantenimiento de las carpas, el transporte y los trailers, donde también viven, y los esfuerzos para conseguir predios extensos en cada punto del mapa.

 

De noche engalanado de payaso para las funciones del Circo Alegría, Oscar hace las veces de electricista cuando se precisa poner a punto las instalaciones de luces y sonidos del show. El organigrama del circo, desde ya, no escatima en misceláneas. “Se cruzan los roles, para ahorrar costos. Uno de nosotros es el representante, que llega antes a las ciudades para hacer la difusión, contratar los servicios y arreglar con el municipio, hay una administradora, que es mi mujer, mi hijo es el capataz y también están los choferes, entre los que estoy yo”, describe Alberto “Huevo” López, el principal responsable del Circo Alegría, que en noviembre desembarcó en Bolívar, pleno territorio bonaerense.

En total, entorno a la carpa trabajan unas 35 personas, de las cuales 20 –entre trapecistas, malabaristas, contorsionistas, y otras destrezas– se suben al escenario. “Los demás, que ya no tenemos ni el físico ni la estética para estar en la pista, ayudamos con todo lo demás, como la escenografía”, continúa López.

A $10 la entrada más barata y una carpa –cuyo valor puede rondar los $80 mil- con capacidad para 1.300 personas, “nosotros vivimos únicamente de lo que ingresa boletería. Es lo que nos permite subsistir y pagarle al personal”. El negocio del circo, afirma López, no tiene amplios márgenes de rentabilidad hoy en día, “pero mientras El Soberano, como llamamos al público, llene la carpa, nosotros seguimos, porque esto, además de ser una profesión, es una vocación”.

Curioso ascenso
Antes de convertirse en la responsable de marketing y prensa del Circo del Sol, Elis Iglesias Rodrigues montaba un elefante y hacía números de malabarismo y cuerda. “En el circo tenemos la parte de secretaría, la parte de recursos humanos, boletería, el área de marketing, administración, comercial, igual que cualquier compañía”, explica. La otra mitad está compuesta por los artistas, y en total son unas 186 personas las que trabajan en el circo.

Con casi tres décadas de vida, sus shows incluyen la performance de motociclistas, trapecistas, payasos, contorsionistas, magos, entre otros, a cargo de artistas de las más variadas nacionalidades (en el circo conviven mexicanos, uruguayos, colombianos, chilenos, brasileros, ucranianos y hasta rusos). Con planes de hacer temporada en Mar del Plata el próximo verano, hasta fin de año seguirán con funciones en el conurbano, con entradas generales a $20 y de $7 para los más chicos.

La premisa de la empresa ha sido diversificarse para aumentar la facturación. “Tenemos varias fuentes de ingresos. Una es la parte del público, con las entradas, está también el área de marketing y publicidad, y la otra parte es alquilar las carpas (tenemos cuatro en total) para eventos particulares. Es en ese orden de importancia”, indica Iglesias.

 

Las estrategias de publicidad se convirtieron en una tarea importante para relacionarse con empresas y afrontar gastos: “Como la carpa tiene capacidad de 2.500 lugares, nosotros siempre hacemos varios tipos de publicidad y convenios con medios de comunicación. El circo tiene varios espacios a explotar para que anunciantes divulguen sus productos: ofrecemos el espacio de nuestro panel electrónico, que también tiene proyector, la locución en off y stands a la salida de la función, para degustaciones”, dice.

Como otros espectáculos al aire libre, los circos deben cumplir con una serie de requisitos estrictos para que sus presentaciones sean autorizadas. Según Iglesias, “cuando arribamos a una ciudad tenemos las inspecciones de los bomberos, el servicio policiaco, la ambulancia, y la municipalidad hace toda la parte de fiscalía”.

De todos modos, una de las mayores dificultades para los shows circenses es dar con espacios para armar la carpa y alojar los camiones y trailers. Al llegar a San Justo, en las últimas semanas, el circo se alojó en el estacionamiento de un hipermercado. El año pasado, por ejemplo, desembarcaron en Puerto Madero, frente al casino.

 

“Podemos conseguir terrenos particulares, como los que ceden los municipios. Por ejemplo hay inmobiliarias que ceden espacios donde están por construir shoppings, o por construir un edificio.”

Los gastos son también de lo más variados. “Los egresos incluyen el terreno, la luz, el agua, los bomberos, la ambulancia, gestionar los permisos. Pero también tenemos la posibilidad de hacer canje y convenir con empresas a las que, a cambio de un determinado terreno, por ejemplo, nosotros cedemos entradas para geriátricos y organizaciones sociales”, describe Iglesias.

Vivir y rodar
Salvador “el Negro” Taconi, del histórico Circo Taconi, es otro de los mayores referentes en el mundillo circense. “Somos la quinta generación de cirqueros y ahora se vienen mis nietos”, cuenta. Al igual que en el Circo de la Alegría, en el Taconi trabajan unas 30 personas y su fuente de ingresos se apoya en los vaivenes de la boletería. “Es un trabajo como cualquier otro, aunque hoy en día no se pueden mantener demasiados artistas. Deberíamos ser 80, entre payasos, malabaristas, equilibristas…”, se lamenta Taconi.

Hasta la tercera semana de diciembre, el circo presentará su show en la localidad de Pergamino, para luego seguir viaje por el país. En la carpa de los Taconi caben unas 1.000 personas y la entrada general parte de los $3. “Es fuerte la competencia con otros circos, incluso con los shows internacionales como el Cirque du Soleil, aunque hacen otra cosa diferente.”

El circo no tiene gastos fijos, sino que depende de las instalaciones, los servicios y el costo de alquiler que demanda cada lugar donde se presenta. “A nosotros también nos golpea la inflación, todo ha subido, la publicidad, los terrenos, el gasoil”, cuestiona Taconi. El combustible es una de las principales preocupaciones de la empresa: cada artista tiene su propio trailer o casa rodante, y la mayor parte del presupuesto va a parar a sus medios de transporte, que también ofician de hogar.

 

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Sin jaulas ni rugidos

Desde fines de 2004, cuando el Gobierno porteño prohibió los espectáculos en la ciudad de aquellos circos que tuviesen animales, el resto del país se hizo eco y los empresarios circenses debieron despedir a algunas de sus estrellas: leones, elefantes, tigres, monos. “Particularmente, nos exigía mucho esfuerzo de limpieza e higiene. Además, los animales demandan muchos gastos y hay que tener personas para cuidarlos, alimentarlos, para la doma. Lo preferimos así”, sostiene Elis Iglesias Rodrigues. No comparten esa postura otros circos. “Nunca fue una complicación tener animales y uno aprende a convivir con ellos: mi abuelo y mi padre tenían tigres, panteras, guanacos”, relata con un dejo de nostalgia Alberto López, del Circo Alegría. “Hay gente que pide por los animales, pero también están aquellos que se oponen”, agrega. Jorge Videla, uno de los legendarios Hermanos Videla, sostiene que los circos son discriminados: “¿porqué si los hipódromos pueden correr caballos nosotros no podemos tener animales?”.

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La leyenda de los Hermanos Videla

Casi sin quererlo, los Podestá inventaron el circo criollo en Argentina, hacia 1880. Desde entonces, los espectáculos circenses se multiplicaron por todo el país. Hoy, la leyenda la continúan los hermanos Videla, conocidos por todo el mundo del espectáculo por haber actuado en el Circo de Balá, con Marrone, en la revista de la avenida Corrientes, junto a Olmedo y Porcel, además de hacer funciones en el Teatro San Martín y el Cervantes. Desde hace 25 años, llevan adelante la Escuela de los Hermanos Videla, ahora en el barrio de San Cristóbal, donde forman y representan a los nuevos talentos circenses argentinos que luego son contratados por empresarios internacionales. “Este 8 de diciembre cumplimos las bodas de plata”, cuenta Jorge Videla, quien se presenta como la tercera generación de la familia, “nacido y criado” en el circo.
Una historia difícil, y un proyecto al que le costó encontrar un espacio definitivo. Pasaron por distintos lugares de la provincia de Buenos Aires, en casas cedidas, hasta un galpón del actor Lito Cruz. “No podíamos hacer pie en ningún lado”, cuenta Videla. “Nunca el gobierno jamás nos dio un espacio, mientras que en todo el mundo los espectáculo se subsidian. Hace diez años que está aprobado en la Legislatura el proyecto para crear la escuela nacional de circo y el museo. Nunca hay dinero”, lamenta.
En la escuela trabajan unos 12 profesores de distintas disciplinas, que según la cantidad de alumnos comparten un porcentaje de los ingresos con los Videla. “Los que manejamos todo esto somos mi hermano y yo, además de mi señora que está a cargo del control de la gente”, cuenta. Pero, además, la escuela se dedica ha regentear a los artistas. “Vienen empresarios de todas partes del mundo a buscar talentos. Hacen casting para contratarlos, aquí mismo, y cuando salen del país lo hacen con contratos en dólares. Hemos enviado gente a Australia, Las Vegas, Francia.” La tarea, sin embargo, no representa una fuente de ingreso para los Videla: “Al contrario, perdemos plata, porque se nos van alumnos. Pero es una felicidad para nosotros, un orgullo”.
(*) Nota publicada en la revista Clarín Pymes, número 45, de diciembre de 2007. Foto tomada de Fotos Mondi.

  1. Anónimo
    27/01/2009 a las 11:12 pm | #1

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